Una niña fue admitida en Estados Unidos cuando tenía menos de veinte años como titular de un visado K-2 junto con su madre, titular de un visado K-l. La madre contrajo matrimonio con un ciudadano estadounidense en los 90 días siguientes a su entrada. La menor cumplió veintiún años antes de que la madre solicitara el cambio a la condición de residente permanente.
El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) denegó la solicitud de adaptación del menor, al considerar que éste había cumplido veintiún años y, por tanto, ya no reunía los requisitos para ser considerado "menor".
El Tribunal de Inmigración de Carolina del Norte revocó la decisión del USCIS, declarando que el menor cumplía los requisitos para obtener el estatuto de residente permanente.